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lunes, 7 de julio de 2014

«Mors aequo pulsat pede»

La verdad es que nunca antes había deseado la muerte de alguien. Quizá el dolor, el sufrimiento, la tristeza, la agonía... pero jamás algo tan grande como una muerte. Nunca antes había sentido la necesidad de mirar a una persona y pensar en las más de mil posibilidades que tenía de caer en las garras de la muerte para no volver jamás al mundo de los vivos.

No obstante, la miraba fijamente y no era capaz de pensar en otra cosa que no fuera en que ojalá muriera y dejara ya de joderme la vida. Pensaba en que quizá podría volverse loca de no dormir y rajarse las venas llorando en la madrugada. La imaginaba siendo brutalmente atropellada por un coche descapotable que sobrepasaba altamente la velocidad permitida. La veía atiborrándose de pastillas para dormir de manera permanente. La dibujaba rota en mil pedazos tras pasar en el momento justo al lado de un coche bomba (la pobre era algo oportuna). Incluso tenía la absurda teoría de que un francotirador la estaba persiguiendo para terminar con su patética existencia.

Y ella me miraba sin más, sin poder decir palabra. Sabía lo que pensaba. Me miraba con los puños y la mandíbula apretados de la rabia, sus ojos verdes inundados en lágrimas, su pecho arriba y abajo de manera acelerada a causa de su respiración, su garganta temblorosa, su media melena castaña mal recogida con una enorme pinza y un pijama blanco de lunares de distintos tonos de azul. Parecía que estuviera a punto de cumplir mi deseo, parecía que lo deseara también. Parecía que quisiera dejar de joderme la vida, de jodérsela a los demás, de jodérsela a ella misma. Parecía a punto de romper el espejo.

domingo, 6 de abril de 2014

«La primera vez que lo dijo tenía conciencia de que no era enteramente cierto, pero antes de irse a la cama ya lo creía» («El regreso del peregrino», de C. S. Lewis)

Suele pasar que, cuando uno se repite constantemente una cosa, por muy descabellada que sea, se la termina creyendo.

Quizá sea por animarse a uno mismo en momentos de flaqueza y desesperación. Me he repetido tantas veces que todo iba a ir bien, que al final todo ha ido bien.

Quizá sea por castigarse a uno mismo por algo que cree haber hecho mal. Me he repetido tantas veces que todo va mal, que al final todo va mal.

Quizá sea por conseguir una meta aceptable, una meta que puedas, o creas poder, alcanzar. Me he repetido tantas veces que eras tú, que al final fuiste tú.

Cuando uno se repite constantemente una cosa, por muy descabellada que sea, se la termina creyendo. Siempre pasa. Cuando uno se repite constantemente una cosa, por muy descabellada que sea, se la termina creyendo.

 

martes, 1 de abril de 2014

«-Es mejor que mientas, muchacho, es mejor. Es más fácil para todos» («El regreso del peregrino», de C. S. Lewis)

Quizá, en ciertas circunstancias y con ciertas personas, sea mejor mentir. Decir que ya has quedado con otra persona y que no puedes ir; que la culpa no es suya, ni tuya, que probablemente no sea de nadie; que ya lo has olvidado, que ya no piensas en él; que estás bien, que nunca has estado mejor. Total, una pequeña mentirijilla no hace daño a nadie, ¿no?; e incluso a veces sana la angustia y la tristeza, tanto la de la persona que miente como la de la persona que escucha.

Desgraciadamente, a mí se me ha olvidado mentir, se me ha olvidado mentirle, he olvidado decirle que ya no lo necesito y que estoy perfectamente sin él, sin sus palabras, sin sus abrazos, sin sus miradas, sin sus sonrisas, sin sin guiños, sin sus besos; y así no puedo decir qué es mejor y qué es peor, solo puedo hablar de un quizá.

Y quizá a veces sea mejor mentir, para no herir los sentimientos de los demás y para salir de esa situación con el mínimo daño posible, pero quizá en realidad no lo sea, y aun así mientas.

 

miércoles, 26 de marzo de 2014

«Il y a toujours un moment aussi ridicule qu'agréable où je crois à l'impossible»

Cada mañana cuando me levanto, voy corriendo al comedor, abro las cortinas, subo las persianas y me asomo a la ventana con una enorme sonrisa en los labios. A veces me corta el frío viento la cara, a veces el calor hace arder mi rostro, a veces la lluvia me deja toda empapada; pero nunca, de verdad que nunca, se borra mi sonrisa.

¿Que por qué lo hago? Pues porque nada más despertar estoy llena de esperanza; creo firmemente que te veré allá abajo, enfrente de mi portal y mirando hacia arriba, con un ramo de flores de papel pintado en tu mano izquierda, un abrazo reservado exclusivamente para mí en tu mano derecha y un beso preparado ya para saltar de tus labios a los míos.


 

jueves, 20 de marzo de 2014

«Elemental, mi querido Watson» (Sherlock Holmes)

Hay cosas tan básicas, tan lógicas, tan obvias, tan naturales, tan elementales... que no hace falta decirlas. Cabe decir que también son fundamentales; o quizá no hacía falta decirlo, al igual que no hace falta decir que Sir Arthur Ignatius Conan Doyle no puso jamás en boca del detective inglés Sherlock Holmes el conocidísimo «Elemental, mi querido Watson».

Por otro lado, por muy elemental que sea, tenía que decirlo, ya que si no no continuaría la línia que he marcado en mi bitácora. Lo he hecho por mí, básicamente.

jueves, 6 de marzo de 2014

«El miedo lleva a la ira; la ira lleva al odio; el odio lleva al sufrimiento; y el sufrimiento lleva al lado oscuro» (Star Wars)

No hay mucho más que decir. Que todo es verdad. Que si temes al agua, nadar en ella y ahogarte, terminarás airándote, airándote por tu temor; y al sentir mucha y tanta ira, significará que sientes odio; y vivir odiando te hará sufrir, pues no es vida placentera...; y de tanto sufrir te volverás malvado, voltearás tu cuerpo a lo que te rodea y permanecerás entre las tinieblas, a la sombra, al acecho, sufriendo, odiando, temiendo y sufriendo más y más.

Por eso es mejor no tener miedo; y, si lo tienes y no lo puedes evitar, intentar no pensar demasiado en aquello que te hace temer, en los fantasmas que te atormentan día y noche, en las constantes pesadillas, en esas dichosas fobias...

jueves, 27 de febrero de 2014

«Francamente, querida, eso no me importa» (Gone with the Wind)

Hay quien va de víctima por la vida y luego resulta ser el verdugo. Quien en un principio hace como que se preocupa por ti, pero luego te apuñala nada más darle la espalda. Quien te cepilla suavemente el cabello y luego te lo arranca de un tirón. Quien te abraza cálida y fuertemente y luego te ahoga sin compasión. Quien te besa amablemente y luego te muerde de forma rabiosa. Quien te ayuda sin pedir nada a cambio y luego te lo quita todo... así... sin más...

¿Y cuando los roles cambian? ¿Cuando el verdugo pasa a ser víctima de otro verdugo? Sonreír y dar media vuelta. Caminar hacia delante dejando todo atrás. Sonreírle al sol que brilla allá en lo alto; sonreírle al cielo eterno; sonreírle a las nubes que viajan y viajan sin descanso; sonreírle a los árboles que se balancean plácidamente al compás del viento; sonreírle a los pájaros que cantan esas melodías tan dulces... Sonreírle a la vida. Sonreírle a tu nueva y mejor vida.

miércoles, 26 de febrero de 2014

«Premièrement, ne touche pas à tes aiguilles. Deuxièmement, maîtrise ta colère. Troisièmement, ne te laisse jamais, au grand jamais, tomber amoreux. Car alors pour toujours à l'horloge de ton cœur la grande aiguille des heures transpercera ta peau, tes os imploseront, et la mécanique du cœur sera brisée de noveau»

A veces todo es más sencillo si te dedicas a mirar, pero no a tocar; si te dedicas a sentarte en un banco y a observar cómo transcurre el tiempo, cómo pasan paulatinamente los segundos, los minutos, las horas..., cómo pasan los días y cómo caen las noches. Todo es más sencillo si te abstienes de participar en algo en lo que sabes que fallarás, en algo que sabes que acabarás estropeando de manera catastrófica, algo que terminarás rompiendo tanto que ya no se podrá arreglar... Aunque también es más aburrido.

A veces es mejor evitar la ira, los enfados tontos, las rabietas que no conducen a nada más que a otros enfados aún más tontos... Pero terminas creciendo siendo demasiado débil; terminas creciendo sin saber actuar en dichas situaciones, situaciones que algún día llegarán sin poder evitarlo, situaciones que te acabarán rodeando sí o sí; terminas creciendo siendo todavía demasiado pequeño para caminar solo por el mundo...

A veces todo es más fácil sin amor; sin afecto hacia los demás, sin cariño hacia lo que te rodea; sin haber sentido ese dulce calor que desprenden ciertas personas cuando te abrazan, cuando te acarician, cuando te besan, cuando te aman... tan solo para no sufrir cuando terminan de trasmitirte ese calor, para no sentir cómo se te hace añicos el corazón, cómo se te parte el alma; para no sufrir y, por consiguiente, para no saber, no conocer, no crecer...

 


jueves, 20 de febrero de 2014

«Yo no fui la única que se equivocó, fui la única que acertó» (Homeland)

Hay una pequeña diferencia entre estar y no estar, entre ir y volver hacia atrás, entre odiar y querer, entre serlo todo y no ser absolutamente nada, entre errar y acertar.

Uno puede estar en cualquier situación, por muy opuestas que parezcan, pero nunca a la vez; uno puede estar ahí contigo, a tu lado, apoyándote en todo lo que haces, dándote su calor, su valor, amándote... y de repente haber marchado lejos sin decir una palabra.

Puedes odiar con todas tus fuerzas y de manera irracional a una persona en concreto solo porque un día te miró de arriba a abajo. Seguramente lo hizo sin pensar. Probablemente ni siquiera te estaba mirando, tan solo tenía la mente en blanco y no veía nada. Pero tú te lo tomaste muy mal, te lo tomaste muy a pecho, y empezaste a fijarte en esa "tipaja creída que va de superior por la vida mirando por encima del hombro". Ni siquiera la conoces en persona, únicamente sabes su nombre porque te ha dado por indagar un poco, porque has querido averiguar algo acerca de su vida para poder meterte más con ella. Ella ni siquiera sabe cómo te llamas; no le interesas lo más mínimo y no te ha vuelto a mirar.

Un día descubres que tenéis un amigo en común, un amigo que se lleva muy bien con las dos y que la saluda cuando va contigo, al igual que te saluda a ti cuando va con "esa". Y ves que ella te mira más, y a ti te da mucha rabia y la odias (si cabe) más aún, ¡mucho más aún!

Otro día, en una fecha señalada en el calendario, tu amigo decide quedar con las dos, y es ahí cuando la conoces realmente. Al principio no quieres, pero terminas hablando con ella. Os lo pasáis genial juntas; no es la persona que esperabas que fuera, es "supermaja y divertida y nada creída". Ese fuerte odio irracional se convierte en un cariño también irracional.

Parece que te equivocaste, pero luego tomaste, sin pensártelo dos veces, el atajo que te condujo al camino correcto.

miércoles, 19 de febrero de 2014

«Lines on the Antiquity of Microbes» o «Fleas»

Adam
Had 'em.

Hay cosas que están ahí y nadie sabe por qué. No hablo ya de los mencionados microorganismos, sino de entidades algo más abstractas como, por ejemplo, este poema en inglés, del cual no se sabe con certeza el nombre del autor.

No sabes por qué te ignora, no sabes por qué te sonríe, no sabes por qué te mira de esa forma tan extraña... Al igual que tampoco sabes por qué ha dejado de hacerlo, por qué ya no te ignora, por qué te sonríe y por qué te mira como a uno más.

jueves, 13 de febrero de 2014

«Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante» (The Help)

A menudo viene bien algo de apoyo, aunque solo sea un poco y aunque sea por tu parte, para poder seguir adelante. Aunque solo sean unas pocas palabras, una alegre mirada o un cálido abrazo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Breve poema de Alejandra Pizarnik

Me dicen:
«Tienes la vida por delante»,
pero yo miro
y no veo nada...

En algunas ocasiones no es nada fácil creer en algo que no ves, algo que no sientes, algo que no esperas que exista realmente. No es nada fácil pensar que hay solución a un problema que en ese momento te ahoga sin miramientos. Nada fácil imaginar una ruta alternativa cuando has pasado años y años creyendo que el camino no se bifurcaba nunca. Es casi imposible cambiar de metodología cuando hasta ahora te había funcionado. Por mucho que te insistan, por mucho que insistas, no lo puedes ver, no está ahí. Delante de ti no hay nada que ver, nada que puedas sentir, nada que puedas tocar. Todo es oscuro. Sin luz. Sin movimiento. Sin vida.

jueves, 6 de febrero de 2014

«Estás esperando un tren, un tren que te llevará muy lejos. Tú sabes dónde quieres que este tren te lleve, pero no sabes dónde te llevará. Pero no importa, porque estaremos juntos» (Inception)

En muchas ocasiones da igual adónde vayas, da igual qué hagas, siempre y cuando estés con esa persona que tanto te importa. No es necesario ir muy lejos, o hacer deportes de riesgo para que te suba la adrenalina, o hacer cosas superinteresantes y muy poco comunes que después puedas contar a todo el mundo de manera efusiva para que te envidie.

A mí me gusta andar, pasear por el parque, caminar horas y horas sin rumbo alguno y, de repente y sin meditarlo dos veces, subir a un autobús cualquiera y bajar a los veinte minutos de recorrido. Y luego de esto me gusta seguir andando, perderme, evadirme de todo, evadirme del mundo.

También me gusta hacer nada, quedarme quieta sentada en un banco con la mirada fija en el lejano horizonte; observar cómo los niños juegan y se ríen al salir del cole; ver lo rápidas que van algunas personas, con el ceño fruncido y los puños apretados; toparme con algún joven despitstado que va escuchando música a todo volumen...

Pero lo que más me apasiona es perderme en esos sensuales y carnosos labios que tanto me atraen; no hablo ya de besarlos, sino de observarlos, mirarlos con detenimiento mientras me los imagino rozando dulcemente mi cuello. Y después me gusta alzar suavemente la mirada y ver que esos increíbles ojos castaños estan mirándome sin parpadear, advertir en ellos ese pequeño destello que revela que él está pensando lo mismo que yo. Me encanta lanzarle espontáneamente una sonrisa y saber que me la devuelve. Adoro pasar horas y horas a su lado, sentados, sin hacer nada, abrazándonos, amándonos...

miércoles, 5 de febrero de 2014

«El dinosaurio», de Augusto Monterroso

Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí.

 

¿Alguna vez te has quedado en blanco? Es extraño cómo, en algún momento dado, de repente no recuerdas qué ibas a hacer, adónde te dirigías o por qué estás en el baño con la cesta de la fruta en la mano. Pero más extraño es no recordar algo que acaba de ocurrir, algo que acabas de decir. Es muy extraño ver que, aun creyendo que se iría de madrugada, el dinosaurio aún te espera, aún quiere algo de ti; y tú no sabes qué darle porque no conoces el contexto, pero aun así sabes que es factible porque lo estás viendo, sigue ahí.