domingo, 8 de junio de 2014
He intentado lo imposible
sábado, 17 de mayo de 2014
He intentado no crearme tan altas expectativas
He intentado no crearme tan altas expectativas, creer en algo coherente, algo que sí puede pasar, algo que, de hecho, pasa. He intentado pensar que mañana no me darás los buenos días, que nunca me darás ese abrazo que me debes, que nuestra noche apasionada es solo un bonito sueño mío, que no te vas a acordar de ese día tan especial para mí.
Y sin embargo, siempre termino imaginando que me vas a dar hasta las buenas noches, que cualquier día de estos te me acercarás sigiloso por detrás para rodearme la cintura con tus fuertes brazos, que acabarás por invitarme a cenar en un restaurante romántico para comer luego el postre en la lujosa cama de un hotel de cuatro estrellas, que me regalarás esa rosa recién cortada que siempre he querido tener.
He intentado ser mínimamente inteligente, tener un poco de cabeza, no creer tanto en cuentos de hadas y vivir con los pies en la tierra. He intentado convencerme de que lo que no ha llegado ya es porque jamás vendrá, que el «más vale tarde que nunca» es más bien un «no pasará ni tarde ni nunca». He intentado ser racional, pero, desgraciadamente, soñar es más bonito.
miércoles, 14 de mayo de 2014
He intentado no escribirte
He intentado no escribirte, no enviarte un mensaje con cada cosa que hago, con cada cosa que pienso, con cada cosa que me dicen, con cada cosa que sueño. He intentado no sentir ese impulso que me obliga a narrarte minuto a minuto mi vida, pero me ha resultado imposible; así que he intentado ignorar dicho impulso, pero me ha resultado aún más imposible.
viernes, 11 de abril de 2014
He intentado escribirte
He intentado escribirte, pero no se me ocurría nada que decirte, así que me he puesto a pensar en todo lo que he estado haciendo a lo largo del día.
sábado, 29 de marzo de 2014
He intentado olvidarte
He intentado olvidarte, de verdad que lo he intentado… pero, cada vez que abro los ojos, te veo reflejado en un espejo, en el cristal de una ventana rota, en la reluciente cerámica de una vajilla sin estrenar, en un suelo recién encerado… y, cada vez que los cierro, veo cómo te paseas dentro de mi cabeza, cómo reformas el salón que te has construido dentro de mi mente, la habitación en la que duermes ahora, cómo comes en mitad de la noche en tu nueva cocina, cómo te duchas sin siquiera dignarte tapar tu cuerpo desnudo y empapado…
He intentado olvidar tu nombre, ¡en serio!, no repetírmelo tantas veces en mi cabeza, no decirlo en voz alta mientras sonrío al mirarme en el espejo de mi habitación; pero, cada vez que abro la boca, lo escupo sin pensar; y cada vez que me callo es porque me estoy atragantando con él.
He intentado olvidar tus ojos del color de la fachada de la finca en la que vivo; esa sonrisa tuya que tanto se parece a la luna menguante y que brilla más que el mismísimo sol; esos dientes que no tienen nada que envidiar a la nieve; esos cabellos que no tienen nada que envidiar a la noche.
He intentado olvidar lo mucho que te gustan esas ensaimadas recién hechas que desayuno yo cada domingo; esas canciones que tanto adoras cantar y que yo tengo por costumbre escuchar cada día de camino al gimnasio; esos mensajes que me enviabas a todas horas y que yo aún leo cada noche antes de acostarme; esos hábitos que odiamos; esas manías que compartimos.
He intentado olvidar también el sabor de tus labios, ese casi tan dulce como las golosinas de las que me atiborro todos los fines de semana; ese olor que desprendes tan característico y atrayente que se impregna tan fácilmente en la ropa (maldita la hora en la que decidí que abrazarte era algo genial); esas palabras que me susurrabas y que eran más ardientes que la arena de la playa en pleno medio día de verano.
