domingo, 5 de abril de 2015

Un cuento escrito a lápiz en una hoja cuadriculada

La observaba a una prudente distancia, lo suficientemente lejos para que no lo pillara y lo suficientemente cerca para olerla bien.

Se hallaba distraída en sus cosas, meciendo suavemente su cuerpo al son del compás, bailando la dulce melodía que escuchaba mientras aseaba un poco su escritorio.

Se relamía suavemente los labios y permanecía inmóvil para aspirar más profundamente el acaramelado aroma de su interior y el salado líquido que derramaba su piel al moverse demasiado.

No sospechaba que había una sombra detrás, admirando su laboriosa acción. Se encontraba sumida en su mundo y no veía más allá de las invisibles barreras que su mente había creado.

Sigiloso, anduvo unos pequeños pasos hacia ella, degustando de forma imaginaria su sabor. Era tan sabrosa...

Le pareció escuchar unos pasos. Se giró bruscamente y asustó a su gato. Aquel gato negro que la observaba detenidamente y con curiosidad. El silencioso felino terminó acercándosele de forma violenta posándose sobre sus piernas. Le relamió sus suaves pero sudorosos brazos. Ella dejó de ordenar su habitación para acariciar al hambriento gato que maullaba de forma exagerada. Se levantó de la silla y fue a alimentar a su mascota.

La sombra la siguió y, en el descuido que ella tuvo nutriendo a su gato, la envolvió. Cató el tinto de su piel. Crujió entre sus afilados dientes sus duros huesos. Tragó su blanda y delicada carne.

El gato prefirió huir maullando.

Aquel vil ser sólo parecía interesarse por humanos.

lunes, 30 de marzo de 2015

He sufrido un desprendimiento de rutina.

Soy bajita para que llegues mejor a quererme.

XXX

Soy la triple equis de esa peli

que te montas todas las noches

y el más diez y ocho en esa esquina

de las escenas en tu coche.


Soy las medias rotas enteras,

las piernas ardientes y abiertas

y ese sostén desabrochado

que cuelga sobre aquella puerta.


Pero también soy lo que el viento

se llevó a la otra orilla del mar;

la que después no osó al estrado

subir a Dios a testificar.


Soy la que naufraga en tus ojos,

la que no se agarra a tu roca

y entonces cae a la deriva

por no sujetarse a tu boca.


La que te quiere para nada

porque no busca plata u oro;

que no eres la equis en el mapa,

que eres el mapa del tesoro.

miércoles, 25 de marzo de 2015

No he cambiado las sábanas desde que te fuiste

Ni me he cambiado de ropa de ropa. Ni me he peinado ni me he lavado la cara. Ni siquiera he salido de casa. Y da gracias a que la cocina, el cuarto de baño y mi dormitorio son habitaciones distintas... Tampoco he abierto la boca salvo para comer, bostezar y desencajarme la mandíbula. O lo que es lo mismo: no he vuelto a hablar. Es posible que ya ni siquiera pueda hacerlo, que ya no tenga voz. No me extrañaría nada enterarme de repente de que, en algún momento concreto, cambié mi voz por más oxígeno. Para poder seguir viviendo sin ti, que es todo lo contrario a vivir, pero que también lo es a morir. Y menos mal, porque la verdad es que no quiero hacer ni una de las dos cosas si no estás tú para ayudarme.