miércoles, 22 de febrero de 2012

Y mientras la niebla se extendía por el horizonte...


y los ríos seguían su curso, aquellos truenos rompían su único lugar ignoto y los relámpagos cegaban su espíritu. Habría tormenta, como siempre, de incesantes rayos, fugaces e impactantes cual meteorito en el roce con la capa de ozono.

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