Eres como ese diente de león con el que me cruzo cada primavera; nada más verlo me entran tantas ganas de cogerlo que, para conseguirlo, lo persigo y persigo sin dejar de correr, dejando que el viento ondee mis cabellos recién teñidos de negro azabache y sin dar importancia a que el aire levante mi corta falda rosada lo suficiente como para que te hagas una idea del color de mi ropa interior.
Quiero tenerlo firmemente entre mis manos;
tocarlo con ternura, acariciarlo con delicadeza. Quiero cuidar de ese diente de
león; quiero cuidarte. Quiero acercar dulcemente mis labios entrecerrados de
tal manera que parezca que pronuncio una débil u y soplarle suavemente para
pedirle un deseo; quiero pedirle que aparezcas tú, para que pueda acercarte mis
labios, de la misma forma que al diente de león, entrecerrados de tal manera
que parezca que pronuncio una débil u, y terminar con un beso.
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