No quiero ser la brisa
que despeine tu pelo;
no quiero ser la lluvia
que te arrebate el llanto;
y tampoco ser el sol
que te llene de calor.
No seré la tormenta
que te asuste y te alarme,
no seré el terremoto
que te impida caminar;
y jamás seré el frío
que no te deje soñar.
Lo que quiero es ser la hoja
que se engancha a tu cabello;
esa gota que decide
irse a vivir a tus ojos;
y ese gran rayo de luz
que te envuelve sin tocarte.
Seré el trueno que asuste
a aquello que te alarma;
esa grieta en el camino
que te lleva a la derecha;
y ese abrazo que convierta
los sueños en algo banal.
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